Hoy, cuando con parte del equipo de
Red Productiva volvíamos de una reunión de trabajo, pudimos ver en el subterráneo porteño las gráficas publicitarias de la campaña
Hoy Cerdo!, lanzada hace poco menos de un año por la
Asociación Argentina de Productores Porcinos, comandada por el siempre claro e
inquieto Juan Uccelli.
En ese momento recordamos que una vez, haciéndole una entrevista para el programa, el propio Uccelli señaló que uno de los principales objetivos (sino el primero) que su entidad tenía era lograr una concientización tal para que la población comenzara a aumentar la cantidad que consume de carne porcina (apenas unos 4 kg. por habitante por año, sin contar chacinados).
Varios meses después (o sea, hoy), en la propia página de
Hoy Cerdo! se ven los resultados de la encuesta (no menor) que el sitio realiza, y que muestran estos números:

Claro, aún es prematuro hablar de éxito o fracaso en la campaña de la AAPP, básicamente por dos variables: primero, porque recién estamos a febrero y no hay mediciones firmes en cuanto a si varió o no el consumo de carne fresca porcina (y porque aún
no pasó un año desde el comienzo del plan comunicacional); y segundo porque, al fin y al cabo, no sólo Uccelli y los suyos son responsables de que la población tenga los hábitos alimenticios que tiene, y no son únicamente ellos los que deben o pueden modificar dichas costumbres.
Pero sin dudas, teniendo en cuenta que "
los países con mayor consumo per cápita son Dinamarca, con 75 kg/año, y la República Checa, con casi 70 kg/año, ejemplos de los altos niveles que caracterizan el consumo de carne de cerdo en Europa. En un nivel intermedio se ubican países como Estados Unidos y Canadá, con un consumo de alrededor de 25 kg por persona y con una tendencia levemente decreciente en la última década", como se dice en un
estudio realizado en 2004 por el
Ministerio de Agricultura de Chile (sí, leyó bien,
Ministerio), estos datos, que muestran, en parte, cómo seguimos comiendo los argentinos, deberían generar al menos un toque de atención para pensar también en un futuro alimentario nacional, con obvia incidencia en la economía interna y también en el comercio exterior.
